Es imposible no hablar de ello, imposible no escribir acerca de esta experiencia que probablemente muchos no terminamos de asimilar. Durante esta semana, caminar por las calles céntricas de Curicó, se siente como una película surrealista. Los lugares de siempre, las esquinas tantas veces vistas, los lugares queridos, lo que parecía que era desde siempre e iba estar ahí para siempre, sencillamente ya no están o son un montón de escombros.
Después del susto vino el recorrido por esta ciudad que parece más bien bombardeada, llena de polvo, escombros, retroexcavadoras y militares, y la sensación que deja es de la más pura desolación. El centro que conocimos desde niños se transformó de un momento a otro en la zona cero de esta catástrofe.

Era esperable que las construcciones de adobe quedaran en el suelo con un terremoto de esta magnitud. Es más, no habría sido un misterio que se cayeran con un sismo mucho menor; lo que no se esperaba era que a edificios nuevos les pasara lo mismo. Las fallas estructurales pudieron deberse a deficiencias en el cálculo de las estructuras, en una mala construcción, o sencillamente en un mal diseño de arquitectura. No considerar el importante componente carga dinámica en un diseño es, sencillamente, dar a luz un edificio muerto.

Por otro lado, los mejores materiales antisímicos son aquellos que permiten el movimiento entre sus partes sin desarmar la estructura, contrariamente a lo que la mayoría piensa que mientras más fierro y hormigón es mejor. Estas últimas estructuras, sobresaturadas, son las primeras en quebrarse ya que no son capaces de resistir movimientos en distintas direcciones.